música para cine

La música para cine debe trabajar al servicio de lo que el director quiere expresar, sin ningún afán de protagonismo. Una buena banda sonora funciona dentro del conjunto de toda la producción y aporta más emotividad a lo que ya han conseguido expresar los propios actores, el director de fotografía, el propio guionista o el propio director. El compositor de bandas sonoras tiene la responsabilidad de completar el proyecto y puede aportar emociones que no aparecen en la pantalla.

música para teatro

La música y el teatro están ligados desde las primeras óperas. Sin embargo, en una obra que no se ha escrito para ser cantada, la música puede servir de apoyo a los actores no sólo en un plano emocional, también rítmico. Los actores tras los ensayos acaban interiorizando el ritmo y la obra respira y los propios textos acaban por adoptar el paso marcado por la música a pesar de ser ésta la que está al servicio del mensaje y del clima emocional que el escritor y el director han buscado.

música para publicidad

Aunque, en parte, parecida en cuanto a sus objetivos, a la música para cine. La música para publicidad tiene un objetivo que marca una pequeña diferencia. Comparte con la música de cine la expresión y el provocar emociones y el trabajo en conjunto con el mensaje que se trata de expresar, pero en este caso, además debe captar inmediatamente la atención del espectador y mantenerla al tiempo que provoca las sensaciones que el publicista desea en su audiencia.

música para orquesta

Cuando se escribe música para ser interpretada en el ambiente de un auditorio es cuando la música cobra todo el protagonismo. En este ámbito se vuelve atrevida, osada, se expresa por si misma. Por eso, en la música que se escribe sin otra razón que la propia música es aquella en la que el compositor más puede experimentar con armonías, ritmos, orquestaciones y diferentes sonoridades. Es en este ámbito en el que el compositor expresa más su mundo interior, su manera de ver las cosas.